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Esta semana Francisco Javier Gil, nuestro responsable de psicología deportiva, nos ilustra con este artículo donde se intenta acercar un poco más lo que ocurre en diferentes ámbitos cuando entran en juego estímulos estresantes los cuales provocan activación (ansiedad) en los individuos/pro-players, y cómo ello afecta en última instancia al desempeño y el rendimiento en la actividad. Si te interesa la psicología aplicada a los esports y otra clase de deportes puedes leer su anterior artículo donde tratábamos la psique de los jugadores en eventos presenciales.

¿Por qué se produce el estrés?

Para ello, hay que comenzar por mostrar el modelo propuesto por Lazarus y Folkman, lo más simplificado posible para que nos sirva como herramienta de referencia.

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En este modelo, podemos observar 8 elementos, donde estresores laborales se refiere a estímulos que elevan la activación del individuo ya que los percibe como amenazantes; características situacionales como propias del contexto que vive el individuo; duración de los estímulos en el plano temporal; características propias de cada individuo que lo definen y que modulan la forma en la que afectan dichos estresores; procesos físicos y psicológicos personales que serán afectados por vivencias previas del individuo; respuesta de estrés, también entendida como aumento de la activación y preparación para afrontar la situación estresante; estrategias de afrontamiento que se entienden como los mecanismos propios de cada individuo para resolver satisfactoriamente la situación estresante y se dividen en: centrados en la tarea, en la emoción y evitación.

En otra ocasión podríamos comentar cada una de estas divisiones. Por el momento, nos vale saber: cómo se produce la respuesta estresante, qué la produce y por qué no es igual en todos los individuos.

De acuerdo con este modelo, el estrés viene precedido de estímulos ambientales o contextuales, también llamados demandas. El individuo, según sus características propias y según la duración de estas demandas, las reconocerá como amenazantes, produciendo mayor estrés cuanto más amenazantes e insalvables las reconozca (pudiendo llegar incluso al fenómeno conocido como indefensión aprendida*). Es obvio que entonces, que un estímulo no va a generar necesariamente una respuesta de estrés, sino que estará sujeto a la interpretación y la individualidad del sujeto en particular; por ejemplo, para un individuo puede resultar un estímulo estresante realizar una actividad con su pareja o amigos observando, mientras que para otro, esa situación no le produce esa respuesta estresante.

¿Cómo afecta el estrés al rendimiento?

Ahora bien, sabiendo que estamos expuestos a innumerables estresores en cada uno de los contextos a los que nos desarrollamos, ¿afectan estos estímulos de forma positiva o negativa a nuestro rendimiento? Como de costumbre en temas psicológicas, la respuesta más acertada es “depende”. Sin embargo, y aunque generalizando siempre asumimos que hay un porcentaje de error, podemos afirmar que el estrés (la activación, la ansiedad) es necesaria, y que de hecho, existe un nivel óptimo de activación en el cual el individuo alcanza su mejor rendimiento. Para hacerlo más visual, observaremos la siguiente gráfica, siendo el eje X (nivel de estimulación ambiental) y el eje Y (nivel de rendimiento):

 

Nivel de estimulación ambiental

Como podemos ver, ambas gráficas son del tipo U invertida pero con ligeros matices. La primera gráfica representa el rendimiento que se obtiene en tareas complejas para los individuos. Sobre todo está caracterizada por dos aspectos; el primero de ellos es que el área oscurecida, que se corresponde con “rendimiento óptimo” es muy reducida, esto quiere decir que para conseguir un rendimiento óptimo en deportistas, conseguir el nivel de estimulación ambiental adecuado es bastante difícil y requiere tanto de autoconocimiento por parte del propio jugador como de conocimiento por parte de los demás (otros jugadores, staff técnico) acerca de los niveles idóneos de activación que se necesitan. El segundo punto característico es lo pronunciada que es esta U invertida, lo que nos hace pensar que una vez sobrepasados los límites en cuanto a nivel de estimulación ambiental, el nivel de rendimiento decaerá de forma drástica y exponencial.

La segunda gráfica muestra que el área de rendimiento óptimo es mayor y además no es tan pronunciada por la parte izquierda, lo que se puede traducir en que se necesita un menor nivel de activación para conseguir un rendimiento óptimo. Sin embargo, al igual que ocurre en la gráfica anterior, sobrepasar el límite de activación que puede soportar un individuo reducirá drásticamente el nivel de rendimiento.

Extrapolando estos gráficos a deportes (en este caso deporte electrónico: esports), podemos concluir que:

  1. Necesitamos conocer los niveles óptimos de activación de nuestros jugadores y hacerlos partícipes de ellos.
  2. Encontrar estímulos con los que consigamos llegar a esos niveles óptimos de activación, para así conseguir un nivel óptimo de rendimiento.
  3. Reconocer el límite de activación para intentar no sobrepasarlo en ninguna ocasión.
  4. Hacerles comprender la importancia de enfrentarse a un contexto estresante en pro de un mejor rendimiento tanto individual como grupal, ya que, como hemos podido observar, el rendimiento está igualmente mermado tanto por exceso como por defecto de activación.
  5. Conseguir un contexto dinámico con estímulos variantes, para así asegurar una activación adecuada y que asegure un rendimiento elevado (además de proteger al grupo de la “habituación*”).

 

*Indefensión aprendida: es el proceso que ocurre cuando un individuo deja de responder a los estímulos del ambiente.
*Habituación: al estar expuestos repetidamente a estímulos similares el sujeto se ve menos afectado por ello.